jueves, 28 de febrero de 2013

Solamente un sueño.


Despertó en una paz que le era casi imposible de imaginar, aún no había abierto los ojos pero cuando lo hizo se dio cuenta de todo, todo aquello había sido solamente un sueño… Toda aquella paz que había experimentado era efecto de las drogas que le suministraban para que estuviese tranquila y no escuchase las voces de su cabeza, sin embargo en su sueño aún seguían atormentándola, aún seguían acusándola de aquella muerte que ella no había querido provocar pues nunca le había deseado la muerte a nadie, ni a su peor enemigo. Suspiró resignada en la cama de aquella celda que tenía como hogar desde hacía ya bastante tiempo. Sus amigos había intentado ponerse en contacto con ella pero siempre les daban largas, ¿cómo lo sabía? Oía a los carceleros o “enfermeros” reírse de aquellos que venían buscándola para saber de ella, aunque fuese para verla dormida… Sin embargo en el tiempo que llevaba ahí encerrada no había recibido la visita de nadie, ni siquiera de sus padres a los cuáles solamente les daban largas, les decía que no podían verla pues ella podía ponerse agresiva y autolesionarse. ¿Cómo ella iba a poder agredir a nadie si cuando la drogaban la ataban a aquella cama y era completamente imposible? Incluso cuando no estaba en la cama siempre estaba en un rincón de la habitación acolchada, sentada en el suelo con las piernas encogidas con miedo a que abriesen la habitación y fueran de nuevo a violarla como tantas otras veces, el dolor físico que experimentaba no era comparable con el dolor psicológico en el cual se hallaba sumergida después de tanto tiempo. No sabía cuánto tiempo llevaba en aquel lugar, se sentía siempre cansada sin ganas de nada, a veces ni comía por no poder levantar la mano y llevarse lo poco que podía a la boca.

El aspecto físico estaba deteriorado a pesar de que cuando ingresó en aquel lugar… “El mejor en cuidados y enfermedades mentales” sonrió, al recordar aquellas palabras que sus padres le habían dicho y que después de tanto informarse en varios centros este era el que estaba a su alcance… Pobres ilusos no sabían para nada lo que ocurría entre las paredes de aquel psiquiátrico con pinta de excelente. Su aspecto había caído en la decadencia, cuando ingresó su pelo era corto pero ahora lo llevaba por la cintura, no estaba descuidado pues por los vagos recuerdos del día a día sabía que alguien le cepillaba el cabello hasta dejárselo lacio, pero sin vida; su cuerpo el cual siempre había sido de una chica rellenita ahora era de esqueleto, se podía tocar todos los músculos de su cuello, su rostro estaba esquelético y daba miedo mirarla en ocasiones, pues las ojeras eran pronunciadas en sus ojos y sus mejillas habían perdido todo el color con el paso del tiempo. Su piel antes morena ahora era de un tono blanquecino que daba pavor mirar pues parecía que en cualquier momento aquella chica iba a morir. Y sus ojos aquellos que siempre habían destacado por su color y su luz ahora estaban apagados y de un tono grisáceo.

Sin poder ni siquiera hablar movió los pies para que se diesen cuenta de que había despertado del letargo de las drogas y deseaba ser liberada de aquella cama. Se encogió en la cama cuando sintió que entraban en la habitación para liberarla de las esposas y correas que la mantenían ahí. No se movió hasta que no notó que cerraban la puerta tras de sí, cuando lo hizo, fue con una lentitud impropia de una chica de veintiún años, ¿o ya tenía los veintidós? No lo sabía, ni siquiera sabía que día de qué mes de qué año era en esos instantes. Movió los hombros intentando de nuevo y en vano deshacerse de la camisa de fuerza, no estaba lúcida del todo aún las drogas estaban dentro de ella pero al menos no sentía esa pesadez que le impedía moverse, al menos no sentía aquella confusión total.

Con un suspiro se dejo caer en el suelo cubierto como las paredes para que no pudiese hacerse daño y rodó como pudo hasta una esquina. Pasó un tiempo así, tumbada contra la esquina cuando en su cabeza comenzaron las acusaciones de muerte a una pequeña niña que ella no había querido matar. Por mucho que había intentado explicarle aquella criatura de ojos verdes que ella no tenía la culpa, que no había sido intención suya no entraba en razón y eso hacía que ella muriese algo más por dentro… ¿Por qué no podía entender que lo había hecho indirectamente para ahorrarle todo el sufrimiento que le rodeaba en el mundo exterior? ¿Por qué no podía entender que era por su propio bien? Las dos estaban encerradas dentro de aquel lugar aunque ninguna de las dos quería, pero desde que la pequeña comenzó a acusarla de su muerte, el estado mental de Helena fue a peor.

La pequeña Helena ya no era algo mental en su mente, si no que cuando abría los ojos podía observarla: con un pequeño vestido blanco, sus ojos resplandecientes, sus mejillas con un rubor que le confería la vida, y con una sonrisa inocente en su rostro. Sin embargo, a pesar de su aspecto era quién le atormentaba a cada momento con sus incesantes preguntas, insultos y acusaciones, aunque claro está no todo el tiempo era así. Muchas veces lo único que ella deseaba era que la arropasen entre sus brazos y así poder estar tranquila y en paz. Nadie podía verla excepto ella. Solamente Helena se podía ver a sí misma con la tierna edad de 6 años aunque su mente era propia de una chica de más edad. No podía evitar llorar cada vez que veía a la pequeña Helena frente a ella, le había quitado lo que más se preciaba, la vida, y ahora estaba sin nada, vacía.  

Quedó atontada en aquella esquina hasta que entreabrió los ojos y vio que volvía a estar sola más en su cabeza volvían los gritos: “¡Asesina! ¡Me mataste! Dejaste que te venciesen y me mataste. ¡¿Por qué lo hiciste?! ¿Por qué me separaste del mundo? ¿Me odias?” De nuevo tenía que ponerse en pie y golpear su cabeza contra la pared acolchada de la habitación para que aquellos gritos que la atormentaban y aquella sensación de ahogo desapareciese de ella, más no era el caso, no la dejaban tranquila, solamente lo era con las drogas y aunque aún así conseguían calmarla en el fondo sabía que aún la pequeña Helena le gritaba llenaba de odio, de dolor, de sufrimiento, que no en vano, había experimentado en ella misma. Se puso en pie y comenzó a correr a trompicones aullando de dolor y miseria. Quería que todo aquello acabara pero sabía que no iba a ser posible, solamente muerta iba a conseguirlo, no había pasado mucho tiempo desde que Helena comenzó a gritar y a golpearse contra las paredes cuando los enfermeros seguidos de un médico y los celadores la cogieron de brazos y piernas, ella luchaba contra sus opresores intentando que la dejasen tranquila en sus ojos se podía ver el miedo que les tenía sabía que iban a volver a golpearla y así fue uno de los celadores le pegó tirándola al suelo, dejándola medio atontada, llorando por misericordia mientras el otro la cogía de la camisa de fuerza y la sujetaba para que el médico le inyectase la droga que haría que se tranquilizase. Jadeaba de la fuerza que hacía por que la soltasen aunque sabía que era imposible que hiciesen aquello, pues eran mucho más fuertes que ella. Vio en el rostro del médico una sonrisa complaciente mientras acariciaba su rostro susurrándole “ Buena chica” mientras ella sentía como poco a poco volvía a quedarse sin fuerzas tirada en el suelo, medio inmóvil y con lágrimas en sus ojos.

Cuando salieron de la estancia podía oírse como si fuese en otro mundo lejano las risas de aquellos hombres que acababan de administrarle esa nueva droga que no sabía cómo se llamaba, al parecer ayudaba a tranquilizar y sosegar a la paciente. Pero al contrario lo único que hacía era que los gritos siguiesen ahí pero no podía moverse para intentar paliarlos. En su fuero interno suplicaba clemencia. “Por favor, por favor, Helena, déjame. Lo siento. Siento haberte metido en este lugar, siento haberte matado de aquella forma, pero era la única forma que tenía de protegerte contra este mundo cruel” en sus ojos ya no quedaba vida, solamente quedaba ese gris en sus ojos y el reflejo de las paredes a su alrededor. Era un saco sin vida en aquel suelo que le servía ahora de descanso y consuelo. Por un momento creyó que podía ser feliz, que había muerto y se había encontrado en el lugar que ella anhelaba ir, el mar. Pero no todo eso fue una simple trampa de su mente y de la droga que le administraban. Un cruel sueño de paz en el que ella por fin encontraba el descanso que tanto deseaba, el descanso de esas acusaciones, y de ese lugar que más que tranquilizarla le ponía peor aún.

Había podido saborear en aquel mundo onírico lo que era la libertad, lo que era volver a sentir el roce del agua en su piel, el viento que enredaba su cabello y la hacía sentir tan en paz consigo misma. Pues ya no oía en ese remanso de tranquilidad que le había provocado la “muerte” la voz de la pequeña Helena y sus acusaciones. Ya no podía sentir el dolor que la consumía poco a poco, un dolor difícil de describir, como si miles de dagas fuesen clavadas poco a poco dentro de ti, con cada nuevo grito se hundía un poco más. Cada nueva  palabra era una daga más que no solamente estaba en su corazón sino también por todo su cuerpo. Pero por designios del destino aquel mundo onírico se desvaneció tan pronto como había despertado. A veces se preguntaba si alguien se acordaba de ella, pero no de la forma en la que había estado los últimos meses antes de su encarcelamiento, sino mucho antes, cuando era esa pequeña niña que todo lo arreglaba con una sonrisa tímida.

Con los labios entreabiertos, la mirada perdida en cualquier punto de aquella habitación musitó un “Lo siento” era de las únicas palabras que pronunciaba. Al principio cuando entró a aquel lugar se preguntaba el porqué de aquella situación, el porqué de todo. Gritaba y arañaba las paredes de su habitación hasta que tuvieron que ponerle la camiseta de fuerza y encerrarla en aquel otro lugar incomunicada con el mundo. Ya apenas hablaba, ya apenas se esforzaba por intentar hablar, si gritaba era para poder sacar todo el dolor que llevaba dentro, para acallar las voces de la pequeña que la consumían hasta más no poder, que la enajenaban de una forma inhumana.  Cansada de luchar se dejaba vencer por las voces de Helena, se dejaba consumir por la droga y así pasaba las horas, no sabía cuándo era de día, cuándo era de noche. No tenía ninguna ventana la cual pudiese indicarle el tramo horario.

domingo, 10 de febrero de 2013

Siempre.

Como ayer te busqué en el doble techo de mi corazón, y hallé nostalgia de ti...Soledad. Comencé a llorar estos versos bañados en canción quiero volver a dormir con tu olor..
Desahucié tus besos de mi memoria y digo adiós.. Te dejaré marchar.. Duele tanto vivir, duele siempre sin ti.. Necesito tu olor.. Necesito tu calor.. Quiero perfumar mi alma con gotas de ti y archivar mi dolor en el doble fondo que hay en mi colchón.
Cómo ayer me perdí en el laberinto de caminar sin ti.. Grité: ¿Mi amor dónde estás? Y lloré.. Tú me preguntabas cuánto te quería yo.. Te quiero siempre amor..
Duele tanto vivir, duele siempre sin ti.. Necesito tu olor.. Necesito tu calor.. Quiero perfumar mi alma con gotas de ti y archivar mi dolor en el doble fondo que hay en mi colchón..
Pinto amaneceres sin saber cuál es color que ahora tiene tu piel, canto despedidas en papel, desechos de tu querer..
Duele tanto vivir, duele siempre sin ti.. Necesito tu olor.. Necesito tu calor.. Quiero perfumar mi alma con gotas de ti y archivar mi dolor en el doble fondo que hay.. Te quiero siempre mi amor.

jueves, 7 de febrero de 2013

I'm back

Supongo que nadie me habrá echado de menos, total este es un lugar donde me gusta desahogarme y he estado bastante tiempo sin entrar no lo niego, pero lo necesitaba. 

Dentro de mi sentía que estaba rota, que era como una muñeca de porcelana que al primer golpe lo aguantó pero en realidad no, en realidad cada pequeño golpe le abría una herida la cual se iba extendiendo cada poco.. Como la tela de una araña que se va extendiendo así las grietas de la muñeca se fueron ampliando por todo su ser, hasta que con el leve roce del aire esta se desmoronó y causó lo que causó..

Todo este tiempo alejada ha servido de mucho, aunque al final terminé buscándole de nuevo, pero porque le echaba de menos y me sentía responsable de que fuese infeliz por mi culpa, es por ello que a pesar de todo lo que pasó volví a buscarle..

Por suerte o desgracia para algunos esa relación ha sido cortada de raíz y sé que nunca más volveremos a saber del otro.. 

Pero no nos pongamos melodramáticos, ahora soy feliz e intentaré trasmitir de nuevo pequeños relatos que salgan de mi mente.

Atte: La Princesa de la Dulce Pena

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