sábado, 6 de octubre de 2012

Y ya tocaba

El corazón hay veces que no entiende de razones, que actua por impulsos y yo, he sido gilipollas.
Una gilipollas de las grandes, intento abarcar tanto, intento dar lo mejor de mi para que sientan orgullosos y estoy echando por tierra mi salud cuando eso es lo más importante.
Y ¿sabéis lo peor? Perderle a él por ser una inmadura gilipollas que no se ha preocupado por su salud. ¿El motivo? Sencillo, no me daba tiempo ni para comer, ni para beber agua.
En clase no dejan ni que bebas agua, no dejan ir al baño, seis horas encerrada en una clase. Llega la hora del recreo y estoy tan agotada que no tengo ni hambre, pero luego mi estómago se resiente y pide comida y hasta las 3 no como nada.
Para más INRI este mes es de estrés, bachillerato por la mañana, cursillo por la tarde y cuando llego a casa a las 9 de la noche hacer deberes, y se me quitan las ganas de cenar, por lo que me acuesto a dormir y así un día por otro y ¿qué he conseguido con eso? Que mi salud vaya a peor, que tenga la presión por los suelos y que vaya a perder a alguien importante.
No le he prometido cuidarme, porque las promesas se pueden romper, le voy a demostrar que me voy a cuidar, que voy a estar sana, que mis ojos van a brillar de la forma que tanto le gustan y que volveré a tener una salud envidiable.

Una gilipollas, arrepentida.

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