miércoles, 10 de octubre de 2012

Despedida

La princesa de la Dulce Pena, dice adiós.

sábado, 6 de octubre de 2012

Y ya tocaba

El corazón hay veces que no entiende de razones, que actua por impulsos y yo, he sido gilipollas.
Una gilipollas de las grandes, intento abarcar tanto, intento dar lo mejor de mi para que sientan orgullosos y estoy echando por tierra mi salud cuando eso es lo más importante.
Y ¿sabéis lo peor? Perderle a él por ser una inmadura gilipollas que no se ha preocupado por su salud. ¿El motivo? Sencillo, no me daba tiempo ni para comer, ni para beber agua.
En clase no dejan ni que bebas agua, no dejan ir al baño, seis horas encerrada en una clase. Llega la hora del recreo y estoy tan agotada que no tengo ni hambre, pero luego mi estómago se resiente y pide comida y hasta las 3 no como nada.
Para más INRI este mes es de estrés, bachillerato por la mañana, cursillo por la tarde y cuando llego a casa a las 9 de la noche hacer deberes, y se me quitan las ganas de cenar, por lo que me acuesto a dormir y así un día por otro y ¿qué he conseguido con eso? Que mi salud vaya a peor, que tenga la presión por los suelos y que vaya a perder a alguien importante.
No le he prometido cuidarme, porque las promesas se pueden romper, le voy a demostrar que me voy a cuidar, que voy a estar sana, que mis ojos van a brillar de la forma que tanto le gustan y que volveré a tener una salud envidiable.

Una gilipollas, arrepentida.

lunes, 18 de junio de 2012

Segunda parte. Todo


Megara Saatsakis

-Al oírlo hablar no pudo más que reprimir una carcajada mientras mojaba las manos en el agua y se humedecía los brazos quitándose así la sangre de sus víctimas, la cual se había adherido a su cuerpo. Arquea una ceja sin voltearse respondiéndole- Por error o no, han sido mi cena esta noche, y la verdad, estaban exquisitos, aún noto y siento sus corazones bombear dentro de mí, debería haberles arrancado el corazón y así saborear la sangre desde el inicio de todo..-Se sumerge dentro del agua saliendo al poco, se pasa las manos por la cara y el cabello quitando el exceso de agua. Era de mala educación darle la espalda a la gente, pero total, ella vivía por y para sus normas, por lo que poco le importó hacerlo. Sin embargo, iba a enfrentar cara a cara aquel compañero de juego que tenía a su espalda.
Se gira apoyando los brazos sobre las rocas del río arqueando una ceja al verlo, no era él típico mata vampiros dispuesto a acabar con su vida. Su cuerpo desprendía un halo de poder y de terror que a la gente normal haría que se echasen hacía atrás pero a ella eso le gustaba, al fin un digno combatiente con el que luchar.-Eran simple alimento, al igual que los demás comen animales, yo me alimento de los humanos, el ciclo de la vida es así ¿no crees?.- Se pone en pie en el río decidida a levantarse, poco le importaba que la viese desnuda, total, si se pasaba con ella acabaría muerto de un momento a otro, le gustaba jugar, pero nunca que la ganasen, y esta vez no sería así, no la iba a ganar un tío que se preocupaba por la vida de los humanos. Sale del río, dejando que el agua corra por su cuerpo caminando hasta su ropa hecha jirones, estaba en guardia por si en cualquier momento se decidía a atacarlo.
 Frotó con su camiseta sobre su cuerpo para quitarse la sangre que se había quedado sobre su piel murmurando-Es lo que más odio de esto, tener que quitarme la sangre, con lo bien que estaría que me la lamiesen..-Niega un par de veces con la cabeza mirándolo con gesto amenazante mientras susurra-¿Qué hacéis por aquí? No es un lugar muy habitual para las personas, a no ser que quieran morir, claro está. El bosque está plagado de animales, unos más salvajes que otros-Ríe leve afirmando sus palabras, en aquel lugar ella era la más salvaje de todos y poco le importaba pues ¿quién iba a ir para matarla? La policía se había dado por vencida ya, no encontraban el motivo de por qué la gente moría desangrada en aquel lugar. Los más supersticiosos imaginaban que eran un vampiro quién provocaba los ataques, pero los demás no creían en viejos mitos de terror-

Christian Tate

En todo momento se mantuvo en completo silencio, sin sentimiento o emoción alguna reflejada en el rostro, escuchándola con toda atención. Le llamaba la atención la forma que tenía de moverse y la manera con la cual se refería a los humanos, mostrándoles como trozos de carne sin apenas importancia. A decir verdad, le parecían graciosas sus palabras, por lo que no pudo reprimir esbozar una pequeña sonrisa. 
-Eres de lo más raro que he conocido, sinceramente ¿qué eres?
Observa como recoge toda su ropa, arrugando por pura inercia la nariz al verla desnda. Sabía que era una falta de educación, pero no estaba en el momento adecuado para respetar las normas de conducta y cumplir con las leyes para ser un ciudadano ejemplar, por lo que no apartó en ningún momento la mirada de su cuerpo observando ,como a pesar de que apenas entraba luz solar por entre los árboles, las gotas de agua que discurrían por su espalda brillaban, proporcionándola un aspecto extraño, raro, sobrenatural pero sobre todo excitante.A pesar de que su cabeza andaba recorriendo con la mirada cada centímetro de su piel, sus sentidos no dejaron de estar alerta, pues en cualquier momento podría lanzarse contra él e intentar acabar con su vida.
Dejando escapar un pequeño suspiro por entre sus labios, despegó el hombro de la corteza del árbol, dando varios pasos hacia ella. No se acercaba, tan solo se limitaba a dar vueltas por alrededor suyo, mirándola de soslayo de vez en cuando. -Me gustan los sitios solitarios, en los que no haya nadie que moleste, pero aún así si veo un humano merodeando por algún rincón de este sitio no le descuartizo ni sacio mi rabia en su cuerpo, es más sencillo asustarle y esperar a que se vaya por su propio pie. Aunque...-se encogió de hombros cogiendo aire para proseguir con sus palabras- no puedo dejar de admitir que más de una vez he acabado con la vida de alguna que otra persona, pero esos sucesos solo ocurren cuando el hambre me tiene demasiado dominado.
Finalmente opta por ponerse frente a ella, metiendo una mano en el bolsillo delantero de su pantalón. No esperaba que ella le mirase o que mucho menos respondiense a sus palabras, pero le era suficiente con tenerla lo suficientemente cerca como para preveer alguno de sus ataques, aunque sabía que en caso de pelea llevaba las de perder pues no estaba recuperado del todo, por no mencionar el mero hecho de que de vez en cuando la garganta le ardía como invitación a deslizar por ella sangre fresca y pura.

Rol con él, todo.


Megara Saatsakis

 -Gritos, súplicas, crujidos de huesos y lo último que se oyó fue la última exhalación de vida de aquella no tan pobre pareja que había salido de acampada a aquel bosque. De haberse informado un poco mejor sabrían que ese bosque estaba maldito, o por lo menos así es como le decían los humanos, los pocos que habían sobrevivido a ella. Dejó caer al suelo el cuerpo sin vida de aquel chico, al que había arrebatado hasta la última gota de sangre, pero no sólo había hecho eso. Había jugado con él, lo había tirado, empujado y pisoteado, mientras oía sus súplicas y sus quejidos de dolor. Su espalda parecía una carretera mal formada. Pasó la lengua por sus labios quitando hasta la última gota de sangre que había en estos. Se sentía tan bien después de haber bebido, estaba hambrienta, sólo hacía un par de horas que se había alimentado y necesitaba más. Echó un vistazo a su cuerpo y su ropa, estaba toda desgarrada y ensangrentada, la verdad le quedaba genial estar así, pero no podía caminar por la ciudad con aquellas pintas, por lo que caminó hasta el río, se deshizo de la ropa y se metió en él. Cerró los ojos rememorando en su cabeza los gritos de aquellas personas, era una melodía muy especial, le encantaba oírlos gritar de miedo al verla. 
El agua comenzaba a rodearla cuando notó una presencia por el bosque, por lo que sabía nadie iba aquel lugar, no era humano, ni tampoco vampiro, por lo que tendría que ser otra clase. "Parece que tengo compañía, no me vendría nada mal algo de acción". Tuerce una sonrisa echando la cabeza hacía atrás esperando que su visitante se apareciera frente a ella, o la atacase en algún momento-

Christian Tate

-No se reconocía, la había tenido a apenas dos centímetros de su boca. La podía haber mordido, haber lamido e incluso haber matado si quisiese pero...; Se golpeó varias veces la cabeza con el puño gruñendo por lo bajo. Ya estaba harto que aquella mujer se metiese en su camino, no tenía derecho a arrebatarle lo único que le mantenía en pie, mas está vez se tuvo que conformar con ir al banco de sangre y robar alguna que otra bolsa, pues debido a que sus energías se encontraban al límite, una única pelea hubiese conllevado la muerte segura.Por lo que tras medio día caminando por las solitarias carreteras, llegó al bosque. La niebla era lo suficientemente espesa como para que en caso de que algún curioso fuese a visitarle no le pudiese ver, y había el suficiente silencio como para escuchar todos los ruidos del alrededor sin apenas agudizar el oído. Aún así, sabía que se encontraba completamente solo pues el bosque era frecuentado como máximo por pequeños animales perdidos.
Tenía la ropa completamente desgarrada por lo que parte de su pecho quedaba expuesto a la niebla, y algunos jirones de tela se habían enganchado en la hebilla de su pantalón. Su tez era morena y sus ojos eran azules, con pequeños tonos verdes alrededor de la pupila. Tenía el pómulo izquierdo con un pequeño arañazo que apenas sangraba, debido a los bruscos movimientos de su víctima.
Tan pronto como sus manos comenzaron a rozar la corteza de los árboles, una fuerte brisa le azotó trayéndole nuevos olores. Todo estaba correcto, exceptuando un nuevo olor que no era capaz de identificar.. quizás..¿humanos?¿humanos..muertos?. Incómodo ante el olor comenzó a olfatear el aire hasta que dio con los cadáveres de la joven pareja. Se agachó a la altura del cuerpo inerte del joven, pasando los dedos por su cuello.-
-Pero, ¿qué cojones es esto..?
-El cuello se encontraba lleno de heridas, y estaba completamente frío y pálido.
No notaba la sangre llenando su cuerpo inerte. Frunció el ceño y fue entonces cuando se dio cuenta de los pequeños agujeros que adornaban su piel en algunas zonas de su cuerpo. Agujeros tan pequeños no pertenecían a un animal, y en caso de ser un animal, se hubiese comido la carne, desgarrándole entero posiblemente. Se puso de nuevo de pies, pasándose la mano por el pelo. Parecían demasiado jóvenes como para merecer la muerte. Quien quiera que hubiese sido no reparaba ni en la edad ni tan siquiera en la situación.Arrastró ambos cuerpos hasta dejarles juntos y fue entonces cuando se quito la camiseta y se la puso por encima de los rostros, tapándoles
-Que en paz descanséis amigos... 
-Agachó la mirada y su vista se clavó en las leves huellas que salían de la escena del crimen, bajando directamente hacia el río, por lo que tan pronto como su cabeza reaccionó, comenzó a seguir esos pasos llevándole de lleno hasta una mujer que se encontraba de espaldas a él. Se apoyó en uno de los árboles mas cercanos, gruñendo aún por lo bajo-
-Hey, ¿no has pensando que quizás estuviesen por aquí por puro error? Hay personas que se llaman desdichadas, y que están dispuestas a sufrir tal matanza por gente como tú.
-Su expresión era completamente seria y a pesar de encontrarse con las fuerzas necesarias como para defenderse en caso de un ataque, su cabeza no dejaba de gritarle que aquella joven no era como otras que hubiese conocido, tenía algo diferente, pero no llegaba a reconocer el qué-

sábado, 5 de mayo de 2012

Un sueño o ¿una realidad?

Jueves por la mañana , como era habitual en el, se dirigió al salón, encendió la regleta y el router  y se dispuso a mirar la mensajería instantánea de su teléfono para hablar con su amiga, pero cuando se disponía a hacerlo, se acordó; su amiga ya no estaba, hacía meses que la habían tenido que internar en un psiquiátrico, por culpa de sus ataques de histeria , que la habían llevado a sufrir esquizofrenia. Al recordarlo se sintió realmente solo pues su amiga, había sido como una hermana para el.

Contactó con la hermana de su amiga, para que le contase las ultimas novedades sobre ella, tardó en contestar, pero cuando lo hizo, se llevó la peor noticia que podían haberle dado, su querida amiga había fallecido en el centro psiquiátrico donde la habían tenido que ingresar sus padres por su enfermedad. Al principio pensó que debía tratarse de una broma de mal gusto, no podía ser que hubiese muerto tan joven. La preguntó como había sido, que había provocado su repentina muerte, pero le dijo que aún no lo sabían que en cuestión de minutos sus padres y ella irían para allá para ver el cuerpo sin vida de su amiga y llevársela para que fuese enterrada o incinerada, tras decir eso, se desconectó.

Se quedo en shock, no podía creerse aún que se hubiese quedado sin su mejor amiga, siempre había guardado la esperanza desde el primer día de que pudiera regresar a casa, tomando algún tipo de medicación, que la ayudase a dejar de escuchar esas voces, que ella misma le había dicho tiempo atrás que retumbaban en su cabeza como un martillo, y no se callaban ni tan solo un instante, y que en ocasiones le hablaban con tanta fuerza que era incapaz de escuchar nada más.

Pasaron un par de horas, y cada rato miraba el teléfono por si la hermana de su amiga se hubiese conectado y poder saber algo más, pero todas las veces resultó ser que no lo había hecho.

Le comentó a su madre lo que había sucedido y consiguió convencerla de que la dejase ir hasta el pueblecito que la había visto, nacer y crecer, una vez que sus padres se la hubiesen llevado allí para que pudiese descansar en su tierra, la cual ella tanto amaba.

Jueves por la noche, al fin conseguía tener noticias de su amiga y a la vez hermana de su difunta mejor amiga, le cuenta como se la han encontrado, al parecer tenía el pelo largo y lacio, ya no lo tenía corto y bien cuidado como cuando ingresó, ahora era como el de una persona que no se lo hubiese cuidado en mucho tiempo; su cara reflejaba una profunda tristeza, estaba demasiado delgada, tenía los pómulos marcados y unas negras y profundas ojeras se dibujaban bajo esos ojos verdes tan llamativos, los cuales ahora se habían cerrado para siempre. Lo siguiente que la preguntó fue la causa de la muerte y le comentó que según el medico había sido una muerte natural, un fallo cardíaco tras uno de sus ataques de rabia y locura, pero a el no le convencía demasiado, su amiga siempre había sido una chica sana fuerte y sana. Lo ultimo que le dijo antes de desconectarse fue que al día siguiente viernes, por la tarde se llevaría a cabo el funeral.

Al día siguiente, Viernes, consiguió convencer a una amiga para que le llevase hasta el pueblo de su amiga. Habló muy poco durante todo el trayecto por la pena de lo sucedido, recordando todos los momentos buenos que habían pasado y mientras iba pensando  en esos ratos noto unas lagrimas resbalar por sus mejillas , sonriendo después negando con la cabeza , recordando que a ella no le hubiese gustado verle llorar.

Cuando por fin llegaron al pueblecito costero, lo primero que hizo fue ir a la playa donde su amiga tantas y tantas horas había pasad, la playa de su infancia, y allí cerró los ojos con la brisa marina acariciándole y como traída por el viento, le pareció escuchar la voz de su amiga susurrando que no este triste, que al fin es libre y que se ha librado para siempre de esas malditas voces que la atormentaban, que la perdonase por los últimos tiempos de su amistad, pues no había sido ella misma, que la recordase amable, cariñosa y sonriente...su autentica yo. Una lágrima cayo desde uno de sus ojos cuando la voz de su amiga dejo de susurrarle, sonriendo tras eso.

Jueves por la mañana, se despierta sobresaltado en su cama, no puede ser ¿había sido un sueño? Sí hace tan solo unos instantes, estaba en la playa, se levanta y aún en su cabeza esta presente todo lo que había sucedido. Busca su teléfono en la mesilla de noche, y se dirige al salón a encender el router, para mirar su mensaje instantánea, en cuanto lo hace recibe el habitual mensaje de su amiga poniendo “ Buenos días”, sonríe aliviado y la responde escribiendo “¿Te encuentras bien? Recibiendo la respuesta de ella inmediatamente poniendo “ Sí, ¿que sucede? Sonríe y niega con la cabeza, aliviado de que solo fuese un sueño, contestando unicamente “te quiero pequeña” sonriendo de nuevo al leer “ y yo a ti gamberro”

miércoles, 2 de mayo de 2012

Algo por lo que luchar, el mar.


Las voces de su cabeza la atormentaban a cada paso que daba, en cada rincón de aquella celda la acosaban del asesinato de aquella niña que sólo quería ser feliz, sin embargo, ella no lo había hecho, ella no quería acabar con la vida de ningún ser inocente. Le encantaba la alegría que inundaba su cuerpo al ver a una criatura pequeña, ese brillo en sus ojos, esa paz y seguridad que transmitían, que lo único que deseaba era que la protegiesen.

No sabía en qué momento su cabeza se había ido por completo y cómo había acabado con aquella pequeña criatura que comenzaba a dar sus primeros pasos, tímida, con miedo a que le hiciesen algo. No debería haber temido aquello, al final el mayor temor se convirtió en su pesadilla.
“¡Asesina! ¡La mataste! ¡Es tu culpa!” Golpeaba su cabeza contra las paredes acolchadas de aquel lugar. De una punta a otra intentando que las voces así se callaran y la dejasen tranquila. No sabía cuántas noches llevaba sin dormir, no era consciente del paso del tiempo, si era de noche o de día. La comida debían dársela a la fuerza pues cada vez que se la llevaban intentaba escapar. Mordía y pegaba patadas a los enfermeros que iban para obligarla para comer, a los que intentaban darle su medicación, sin embargo los medicamentos no hacían nada con ella simplemente conseguían tranquilizarla lo suficiente como para poder manejarla sin que hiriese a nadie.

En su cabeza las voces les mostraba cómo había sido la vida de aquella niña inocente que sólo intentaba ser feliz y alguien en la vida, pero ella, había conseguido arrebatarle aquella felicidad y aquel sueño de vivir. La había consumido en la oscuridad encerrándola en lo más hondo, bajo tierra, dónde nada ni nadie pudiese volver a dañarla nunca más.

Recordaba cómo sus ojos verdes brillaban de felicidad, cómo sus mejillas se sonrojaban, y cómo aquella sonrisa se ensanchaba con un poco de cariño. Cómo corría a través de la playa buscando pequeñas conchas para regalar a la gente que amaba, y cómo se escabullía en mitad del monte imaginando que era un gran palacio y que todo lo que allí había era apto para jugar. Su familia siempre la trató con amor, con respeto, con alegría, le gustaba pasar los domingos rodeada de sus primos. Otra vez, de nuevo las imágenes se desvanecían provocándole un agudo dolor.

Se encogió en el suelo de su celda sollozando por el dolor de recordar a aquella niña que no tenía la culpa de nada, simplemente la mató para que la vida no hiciera con ella lo que quisiese, que la maltratasen. Se había matado a sí misma para evitar el dolor que suponía enfrentarse al mundo. Había hecho desaparecer a aquella niña pequeña, risueña y alegre que un día fue. Se convirtió en su antítesis, malévola, sin corazón y asqueada con el mundo.

Durante mucho tiempo de su vida se dedicó a hacer lo que le habían enseñado, despreciar a las personas, y verlas como las malas de las películas. Al menos así era mucho más divertido y no tenía que preocuparse de que alguien supiera de su verdadero ser. Su adolescencia la pasó encerrada en sí misma, sin acercarse a las personas por temor a resultar herida, lo que habían hecho de ella una persona huraña y tremendamente reservada.

“¡Tú me has matado! Y ahora estamos aquí por tu culpa. Nunca más volveré a ver salir la luz del sol y no podré observar el brillo de la Luna” Aquella voz era la que más le atormentaba, su propia voz era la que más puñales en el corazón le clavaba a cada minuto que pasaba, la culpaba de todo lo que había hecho por protegerla. “Lo siento, yo sólo quería lo mejor para ti, sólo quería que no te hiciesen daño, que no te lastimasen” Una y otra vez repetía aquella perorata con la intención de que su mente se calmase y la dejase tranquila. Pero cuando parecía que por fin lo había conseguido volvía a acusarla de su crimen. “No lo hiciste para protegerme, lo hiciste por salvar tu culo, lo hiciste porque no querías que viviese la vida que me tocaba a mí. Eres una egoísta.”

“¡Ayuda por favor!” Gritaba al sentir como su corazón comenzaba a bombear rápido y cómo su respiración se agitaba provocándole un corte de respiración. Sentía que sus pulmones se quedaban sin aire, que sus ojos se iban y que ya no era dueña de ella misma.
 No sabía cuánto tiempo había pasado así, tirada en el suelo de la celda, lo que le extrañaba era verse sin la camisa de fuerza, y con la puerta abierta dejando ver las luces del pasillo. Se echó un pequeño vistazo y se encontró con un vestido verde algo voluptuoso y suave alrededor de su cuerpo. Ya no había voces en su cabeza, nada la atormentaba, era libre de su propio cuerpo. Miró por la estancia y se encontró a varios médicos y enfermeros intentando reanimar aquel cuerpo que poco a poco iba perdiendo la vida. La luz de sus ojos verdes se iba perdiendo conforme ella se daba cuenta de lo que había pasado, ya no estaba encerrada en aquel cuerpo que la atormentaba, ahora podía ser libre y hacer todo aquello que le gustaba. Quería volver a sentir como las olas mojaban sus pies y como el frío recorría su cuerpo.

No se decidía a salir de aquel lugar hasta que no estuviese segura de que no iba a volver a ser encadenada al cuerpo que yacía ya sin vida en el suelo. Se arrodilló frente a él y apartó el pelo de su rostro una vez que los médicos salieron a por una camilla para trasladarla a la morgue. Aunque había odiado aquel cuerpo, estaba agradecida por él, había estado viviendo en él, y no lo iba a dejar sola en aquellos momentos.
Cuando el equipo médico y el forense dictaminaron su muerte la levantaron y la tumbaron en la camilla, sacándola de aquel lugar que había sido su hogar durante tres terribles años. Cogió su propia mano y no se separó de ella ni un instante, al salir de la habitación respiró hondo “Soy libre”. Una sonrisa cruzó su rostro al darse cuenta de que efectivamente era así, no era una simple ilusión, y aunque su cuerpo había muerto su alma aún vivía. La parte que tanto intentó salvaguardar y proteger era libre y la otra estaba muerta junto con su cuerpo.

Bajaron a la morgue para que pudiesen dictaminar la causa de la muerte. “Litio” susurró el forense al médico que la había atendido todos estos años. Las grandes cantidades de litio que utilizaban para calmarla y que durmiesen habían acabado con su vida. Su corazón dejó de bombear y sus pulmones se pararon. La droga la había matado en uno de sus ataques de histeria contra ella misma.
Salió de la morgue dejando su cuerpo atrás era momento de comenzar a vivir su vida como ella siempre había soñado. Rodeada de la gente que la quería y de niños. Aunque tenía claro que nadie podría verla, ni tocarla, ni siquiera recordarla, pues su lado amargado había provocado que poca gente conociese su verdadero ser, su verdadero yo. Se trasladó hasta la salida del centro psiquiátrico en el que había estado cuando observó como un coche llegaba a toda velocidad y se aparcaba donde primero pillaba. Aquel coche le sonaba de algo pero no recordaba bien de qué. Sin embargo, al observar bajar de aquel coche a su padre y su madre, su corazón le dio un vuelco. Quería ir, abrazarlos y consolarlos, decirles que estaba bien, que su pequeña estaba a salvo, que ya nadie la lastimaría, pero sabía que no podía. Ellos no la verían y en su rostro se reflejaba el dolor de perder una hija en aquel lugar. Sentía cómo la esperanza de sus padres por volver a verla como era se desvanecía y cómo en su lugar un anhelo y un dolor profundo cruzaban su corazón.

No podía con aquello, no podía soportar ver mal a las personas que amaba, quería decirles tantas cosas. Quería decirles que les quería, que ellos no tenían la culpa de lo que le había ocurrido, ella misma se había destruido y había enterrado a su pequeño ángel en lo más profundo de su ser. Ellos se culpaban de la muerte de ambas, de su pequeña por no haber podido evitar que su lado amargado la enterrase sin poder despedirse de ellos y de la amargada por tenerla encerrada en aquel lugar al que odiaban ir.
Con lágrimas en los ojos dejó que sus padres entrasen en la morgue para ver el cuerpo sin vida de su pequeña. Ya no volverían a verla reír, ni volverían a escuchar su voz, ni sus quejas. Todo había acabado para ellos y aunque aún tenían a su otra hija no reemplazaba el dolor de haber perdido aquella, pues perder un hijo es lo peor que puede ocurrirte en la vida, y eso se veía reflejado en sus caras.

Cerró con fuerza los ojos y se imaginó en la playa en la que siempre iba su familia, al abrir los ojos se encontró en aquel lugar, el sol la golpeaba con fuerza, no quemaba pero aún así la calentaba a pesar de que ella ya no podía sentir totalmente los elementos. Caminó con paso decidido hasta la orilla del mar, le daba igual que el agua estuviese alborotada y la mojase por completo, solamente quería volver a sentir aquella sensación de paz y tranquilidad que le proporcionaba estar en aquel lugar. Volvió a cerrar los ojos y sonrío ante el tacto suave que el mar provocaba en su espíritu y aunque no lo sentía como cuando tenía su cuerpo no le importaba. Se tumbó en la orilla con los brazos extendidos dejando que las olas rompiesen sobre su cuerpo, no tenía que respirar ya no le hacía falta, simplemente se dejaba llevar por el suave balanceo de las olas. Sentir la arena bajo su cuerpo, el sonido del mar de fondo, aquello era el paraíso y no quería alejarse de él.

Se dejó arrastrar por la marea que la metía dentro del mar, pero no le importaba, ya nada importaba, aunque deseaba vivir la vida, no podría hacerlo, era solamente un espíritu que vagaba por el mundo, sin un rumbo fijo. Le habían quitado la libertad para dársela de una forma algo más horrenda. Pues no podría estar con las personas que amaba y nunca podría enamorarse ni ser madre. Aunque agradecía a pesar de todo haberse librado de su cuerpo esclavo, de ese incesante murmullo de que todo lo hacía por su bien y no quería que nada ni nadie la lastimase. Al final ella misma se había convertido en su propio verdugo. Ella misma se había condenado a vagar sola. Pero ahora no le importaba, ahora sólo quería sentir como el mar la acunaba entre sus brazos y dormirse entre sus suaves caricias.


miércoles, 11 de enero de 2012

Si la vida te pisa desenvaina una sonrisa

Llevo muchísimo sin entrar y sin escribir, y la verdad es que estoy FELIZ nunca pude imaginarme este estado pero me gusta.
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