martes, 27 de septiembre de 2011

Mar

Salí de mi casa, el cielo estaba encapotado había escuchado en las noticias que iba a llover. “Ojalá lloviese así las lágrimas se camuflarían”  ese pensamiento me recorría la mente todo el rato, mientras bajaba por mi calle, no había nadie en las calles, perfecto así nadie se percataría de su presencia y mucho menos de su ausencia. Siguió bajando recorriendo y memorizando el sitio dónde se había criado para llevarlo en su mente. Las calles, la antigua plaza, esa pequeña panadería, la pescadería. Un suspiro escapó de mis labios, lo que tenía pensado hacer era una locura, sin embargo, lo necesitaba, quizás así se sentiría algo mejor. Alcancé el paseo Marítimo en unos pocos pasos, mire al mar, aquí no serviría. Eché andar hacía poniente, el viento de levante me cortaba la cara, rugía como un animal herido que quiere defenderse. El camino parecía corto, pero al echar la mirada atrás vi que me había alejado del pueblo, perfecto, mucha menos gente que pueda verme merodear por aquí. Llegué hasta mi playa, o al menos yo la consideraba así, al ser tan especial para ella, la arena le hacía cosquillas en la planta de los pies. El mar estaba bravucón, las olas eran altas, tal como a mí me gustaban, peligrosas, una de ellas golpeó contra la arena, arrastrando cualquier cosa que estuviese por delante de ella hacía dentro, absolviéndola en una espiral difícil. Mi camino estaba marcado por las olas, las gotas de estas desprendían se enredaban en mi cabello y justo a la luz de la luna parecían pequeños diamantes injertados en su cabello.
Aquí se termina todo, sólo unos pasos más, una ola perfecta y sería engullida por el mar, no pondría resistencia. Las olas me cogerían, arrastrarían mi cuerpo, lo estamparían contra las rocas, lo maltratarían y luego sería engullida, y ya nadie más sabría de mí.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Filosofía.

La idea es que no existen las personas buenas y las personas malas, sino que todo ser humano es al mismo tiempo bueno y malo. Así, esforzarse en cumplir los preceptos morales del cristianismo es inútil, porque ello no elimina la parte mala de la persona, que es imposible de eliminar, sino que conduce a la hipocresía. La única solución posible es la aceptación de la propia maldad inherente a la naturaleza humana, lo cual constituye la filosofía profunda del grupo.


“Cuando todo el mundo quiere destruirte, todos los días son tu último día y cada actuación puede ser la última. El Anticristo no soy sólo yo. Es un estado mental colectivo del que Estados Unidos necesita que le despierten. Ese es el propósito de esta gira, quizás de mi vida: hacer que los estadounidenses se den cuenta que no tienen que creer en algo sólo porque se lo han estado inculcando toda la vida. No se puede oír a alguien que nunca tuvo sexo o tomó drogas, diciéndote que están mal. Sólo a través de la experiencia cada uno puede determinar su moralidad. Ser humano no es tener que estar buscando constantemente perdón por serlo, sino llevar, como individuo, una existencia libre de culpa. Es lo que siempre ha temido la Iglesia, si olvidas la idea de Dios y crees en ti mismo, el mundo se acaba para los que no creen en el Señor como salvador personal de cada individuo”

miércoles, 14 de septiembre de 2011

12º


-En cuanto echas una fugaz mirada a mi rostro, aún después de todo lo que había sufrido teniendo el cadáver de Corey en mis brazos, semeja que es completamente adusto e imperturbable. Igual que aquellos guerreros nórdicos de los que nos hablaban en historia cuando estaba viviendo en Finlandia, aquellos viquingos, o quizás alanos que blandían sus espadas y tras un grito de guerra arrasaban con todo hombre, mujer y niño que se les cruzaba por delante. Que eran capaces de guardar todo el dolor, el trauma sufrido, el amor que sentían por su familia y por sus parejas, para asesinar a traición.
Así me sentía yo, asesinando al mundo con mi mera presencia.
Deslizo los dedos por el piano sin provocar nota alguna. En aquel momento lo que necesitaba era un polvo que me olvidase de que respiro, y no tenía a nadie que me lo diese. Suspiro, intentando parecer impreturbable, ladeando el tronco para poder secarte la lágrima con la palma de mi mano, suavemente, procurando no hacerte ningún tipo de daño. Era como si manejase tanto una situación violenta como una tan frágil.-


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