viernes, 5 de agosto de 2011

Virtanen, piano, una inspiración constante

-Había decidido ir a visitarte. La verdad, no me apetecía estar de nuevo en mi ambiente. Los drogadictos se me apiñaban ofreciéndome o pidiendo a gritos algo de pasta, aunque sabían que no tendría reparo alguno en cortarles el cuello.
Aunque intento con todas mir fuerzas ayudar a la gente, soy un puto malnacido.
No era la primera vez que pensaba en utilizar aquella navaja para poder punzarme mi propia yugular. Sí, no podría describirlo, es una sensación casi enfermiza, no de placer, sino de...tranquilidad.
Un amigo me relató, pienso mientras me adentro en tu casa, ya que la puerta estaba abierta, que se debía a la disminución del riego sanguíneo. Desconozco cualquier término médico, pero es más que lógico que si disminuye aunque sea poco el nivel de sangre habrá una disminución del ritmo y la intensidad de los latidos del corazón, quizás insignificante, como el paso de mezzopiano a mezzoforte, y eso hace que tu ira se bloquée. Igualmente, cuando te ves en esa situación en lo que piensas es en si vas a taparte las heridas o si vas a seguir desangrándote como un maldito cerdo. La presencia de Corey hizo que tomase el camino correcto. Por eso ahora llevaba vendada una de mis manos.
Me apoyo en el marco de la puerta, escuchando cómo tocas. Eso es lo que necesitaba ahora, ni que me estuvieras leyendo el jodido pensamiento. Necesitaba una música tan cruelmente bella que me hiciese olvidar el chirrido espantoso del cuchillo asolándome la piel del dorso de la mano. En cuanto terminas, se hacen un feble silencio, aunque dudo que mi respiración profunda no te alerte de que me encuentro allí. Inmóvil como una estatua de sal, observando tan hermosa escena.-

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