miércoles, 24 de agosto de 2011

Un alma

~Una persona que se marcha, un alma que se queda.
~Una alegría que se marcha, una tristeza que nos embarga
~Una ilusión.
~Una vida.
~Una agonía
~Una canción
~Un silencio

domingo, 21 de agosto de 2011

Mi señorita Valo

¿Sabes? Te amo mucho mucho mucho >.< Y si te he robado la foto para subirla a mi blog.
Eres PRECIOSA, You know?
Mi señorita Valo >.<

viernes, 19 de agosto de 2011

Si tú...

Si el aire falta, no dudes en pedírmelo.
Si tú caes, ten por seguro que muchos caeremos para recogerte.
Si tú te hundes, nosotros saltaremos para salvarte y sacarte a la superficie.
Si tú sufres, ten por seguro que nosotros seremos tu consuelo.
Si necesitas llorar, dispones de nuestros brazos y de nuestros hombros.
Si necesitas gritar, ten por seguro que cogeremos tu mano, para que grites tan fuerte como puedas.
Si tú dejas de tocar, el mundo se hunde en oscuridad

martes, 16 de agosto de 2011

11º Cry

-Un silencio sepulcral invadió aquella habitación en la que ambos se encontraban. Las últimas notas del piano habían volado por su cabeza, desapareciendo por completo.  Él cálido sentir de su abrazo en torno a ella provocó que sus lágrimas, hasta ahora reprimidas, saliesen sin poder evitarlo. ¿Qué había pasado? Era ella quién debía consolarlo a él y las cosas estaban al revés, no podía resultar nada bueno de aquello.

En una ocasión alguien muy cercano a ella le dijo que para poder purgar la pena lo mejor era llorar, pero ella no quería pulgar aquella pena. La hacía sentir algo, dolor, desesperación. Su corazón casi siempre impenetrable por murallas que ella misma había forjado, alzadas como las de la antigua Troya, infranqueables. Pero un ingenioso Ulises las atravesó e hizo que ella se hiciese vulnerable a todo el mundo. Por mucho que ella intentara poner sobre su rostro máscaras que la ocultasen, el vería su verdadero ser. Alguien frágil, delicado, que necesita de aquella protección que solo un padre podía darle y de la cual carecía ahora.

Uno de sus brazos lo pasó por la espalda de él, sobre su cintura, rodeándolo así entre sus estrechos brazos. Apoyó la cabeza en su hombro, sus ojos cerrados mientras que de estos emanaban gotas de agua salada. Unas lágrimas que habían salido y que no podía detener en esos momentos pues ya no respondían a sus órdenes. Vagaban libremente por su rostro, mojando ambas vestimentas, tanto la camisa negra que él llevaba en aquellos momentos, como la túnica blanca que la cubre, una túnica digna de una diosa griega, aunque ella no lo fuese, en su antaño aquella túnica perteneció a su madre. Se la ponía para recordarla y para sentir en parte aquella cultura que tanto amaba-

viernes, 12 de agosto de 2011

10º, Kiss

-Y era cierto, no nos merecíamos tal sufrimiento, ni uno, ni otro. Era simplemente una crueldad, aunque en mi caso, parecía lógico; como bien decía Christine, yo soy como un lobo solitario, y a los lobos, los acribillan con escopetas de perdigones. Es ley de vida, simple y llanamente. Pero a ti no debían hacerte daño, no. No te lo merecías, eras una gatita encantadora. Y sé que le arañarías la cara al cazador que me hiciera daño, mientras me lamo las heridas. En silencio.
Mas ahora en la habitación no imperaba el silencio, sino que comenzaba a desarrollarse como flor que se abre lentamente cuando el sol acaricia sus pétalos. Mismo semeja que las notas se hacen tangibles y corren por mis brazos como una colonia de hormigas, que traspasa en umbral de la piel hasta colisionar con mi sangre y navegar por ella, llegando hasta mi corazón para hacerlo latir al mismo ritmo que la melodía, como símbolo de la inefable y tácita simbiosis entre autor y obra.

Escucho tu leve llanto entrecortado, amordazado para que no me entere, mas me es imposible no oírlo. Es difícil engañar a un sinesteta que posee oído absoluto. En un segundo, sin que apenas te des cuenta, dejo de tocar para contenerte entre mis brazos. En silencio.-

9º Pain


 -No iba a soportar por mucho más tiempo aquel dolor que la embargaba. Tanto daño se había hecho que parecía que su corazón no iba a soportarlo más.
Quería llorar y dejar caer las lágrimas por su mejilla, pero en aquellos momentos debía mantenerse, fuerte y firme por él. Sabía que si la veía llorar se sentiría culpable y eso no era así. Ella quería verlo lo mejor posible aunque en aquellos momentos fuese imposible.
Un recuerdo de una conversación anterior le llegó a la mente. Él era un gran lobo blanco el cual si le herías huía. Pero estaba tan cansado de huir, que ahora atacaba por no sufrir, mientras que ella era una gatita, dócil, la cual puedes manejar y herir con tan solo un puntapié.

-¿Por qué simplemente no podían ser felices? ¿Por qué el mundo se ponía en su contra? Realmente somos seres normales y pacíficos que solo buscaban amor y felicidad como otra persona cualquiera. La religión no les servía, solamente era una mentira piadosa más para el resto del mundo el cual necesitaba algo en lo que creer.
Apoyó su cabeza con cuidado en el hombro de él, abriendo la tapa que cubría las teclas de su piano. Los dos necesitaban una melodía, la cual pudiese alegrar a sus corazones o simplemente reprimir la agonía que sufrían.
Sus dedos se deslizaron por las teclas acariciándolas de una forma única y dulce. Aquella melodía que se abría paso entre sus dedos parecía flotar en el ambiente envolviéndolos a ambos en esa esfera. Dejando atrás miedos, preocupaciones, obligaciones, sabía que él necesitaba tocar,, miró su mano la cual no tenía cortes y le hizo un ademán con la cabeza, para que se atreviera a seguirla tocando en aquel momento-

martes, 9 de agosto de 2011

8º Ville, un piano.


-Como bien puedes imaginar, la segunda opción es lo que hace que mi cabeza, tal y como si la moviese un sistema de resortes y bisagras, se mueva hacia arriba y hacia abajo levemente para asentir. El piano era y siempre había sido aquello que me permitía expresarme sin tapujos. Si necesitaba llorar, no tenía ningún problema en soportar la colisión de mis lágrimas contra el marfil. Si estaba feliz, él estaría completamente honrado de recibir los staccatos dinámicos de júbilo.
Hasta era capaz de soportar mi miedo. El miedo a desaparecer.
Era extraño. Siempre había querido que el mundo prescindiese de mí. Y no había sido una experiencia dolorosa sino todo lo contrario; era dulce, tierna, amorosa. Sentirse como flotando en medio de ningún lado, sin dolor alguno, viendo pasar tu vida como si fuese una película. Sin remordimientos, ni lágrimas, sin pensar en los dobles caminos. Simplemente, observándola.
Y aún así, ahora tenía miedo. 

Apoyo mis manos laceradas sobre el piano mirándote de soslayo con una sonrisa esbozada en el rostro. Era uno de aquellos momentos en los que no era capaz de arrancar una sola palabra de mi garganta. Y en consonancia tampoco del piano solía nota alguna.-

7º, Amy. Consuelo

-No había nada que más desease que volver a ver el brillo de alegría en los ojos de Ville, pero desgraciadamente sabía que aquello no ocurriría, por lo menos no todavía. Su alma estaba torturada aún.
Suspiró al ver que cerraba sus ojos ante aquel inocente beso en el dorso de su mano lastimada. Al igual que él, Amy era muy empática, extremadamente a decir verdad, por lo que ocultar lo que sentía no le serviría de nada. Cuando le conoció el era un chico bastante alegre y risueño, emanaba confort y tranquilidad. Sin embargo en aquellos momentos mostraba miedo, desesperación. Su corazón tenía más pulsaciones que normalmente a causa del miedo, ante aquella apariencia de bienestar su corazón latía negando todo lo que aparentaba, más bien como si lo chillase: "No estoy bien". Así decía su corazón.
Aferró su abrazo entorno a él, acariciando con las yemas de los dedos su espalda, intentando reconfortarlo. Al oír como su voz cambiaba a un tono trémulo su alma se le cayó a los pies. Intentó mantener firme su voz cuando habló pero al final de la frase esa fortaleza se rompió.
-Lo sé cariño, lo sé... Sabes tan bien como yo que estoy aquí siempre que me necesites...-
Cerró sus ojos a la vez que terminó de hablar, apoyando su cabeza en el hombro de él. Varios besos salieron de sus labios para besarle el hombro. Cuando volvió hablar su voz solo era un murmuro, pero lo suficientemente audible para que le oyera- Vayamos al salón a sentarnos, o si bien quieres nos sentamos frente la banqueta del piano.- Sabía que aquella última idea le iba a gustar más, al menos frente al piano podría sonreír y ella podría tocar para él, si eso le hacía sentirse mejor-

6º, Ville, ¿Miedo?


-La adoración que sentías hacia mí era tremenda y completamente recíproca. Yo, al menos, no contaba con más familia que mi hijo, y a él no iba a contarle mis problemas. Y mis amigos...intentaba ocultárselos. No quería preocupar a nadie, era mi gran defecto, y a la vez una virtud. Mientras siguiese manteniendo aquella actitud despreocupada, aquella sonrisa y ese "vamos a tomarnos unas birras" todo iría "bien". 
Pero contigo me siento de otra forma, liberado, sé que puedo ser sincero. Y a la vez arrancar aquellos sentimientos del alma era una carga tan grande...Era como intentar deshacerse a tirones de un garfio engarzado en la piel, que te despedaza la carne. Como yo mismo me había despedazado la del dorso de mi mano alba. Noto tu suave beso sobre el dorso, haciendo que cierre los ojos un instante, asintiendo levemente. Lo del corte en la mano había sido la misma noche, la misma en la que casi no lo cuento, la misma.-
Tengo miedo, nena. Mucho miedo.-susurro, con una voz trémula que dista de mi tono tranquilizador y seguro-

5º Parte, Amy, adoración

-Definitivamente adoraba a Virtanen, parecía un ángel caído para ir a verla en los momentos que lo pasaba mal. Toda su alma corroída y destrozada por el dolor de verse sola en aquella gran casa, sin apenas familia, y con amigos que la mayoría de veces pasaban de ella. Parpadeó varias veces intentando controlar las lágrimas que querían salir por sus ojos al verlo allí, abrazándola y reconfortándola. Parecía volver a la vida cuando el se presentaba de un momento a otro sin presentación en su casa. No le importaba que lo hiciera, el podía ir allí cuando quisiera, podía estar el tiempo que considerase oportuno el quedarse en aquella mansión.
Le miró y una leve sonrisa recorrió sus labios al oírle hablar, parecía que no se había dado cuenta de que su aspecto había desmejorado bastante. Le murmuró en un tono dulce y melodioso-Si cielo, tus ojos no brillan, tu cabello alborotado y tu mano...-Cogió aquella mano que tenía vendada, la alzó para que ambos la viesen y besó sobre la venda-Al final no pudiste más y tuviste que hacerlo, ¿me equivoco?- Sabía que no se había equivocado, estaba totalmente segura de que el hecho de que se haya cortado haya sido porque no podía más con aquella vida que tenía
.

viernes, 5 de agosto de 2011

4º parte, Virtanen Roll, sentimiento


 -Alguna vez Christine dijo que si mi corazón se detenía, toda la música que rige el mundo entraría en un estado de caos al no tener un ritmo constante que la dirija, pero realmente nunca lo había creído. ¿Realmente cuando hacía apenas un par de días mi corazón comenzó a fibrilar para detenerse debido al amoroso, delicioso y mortal speed el mundo había dejado de estar en consonancia?
En cuanto tus ojos tal si fuesen mariposas se posan con ternura sobre mi rostro, una sonrisa se dibuja en mis labios, los cuales se entreabren suavemente para poder susurrar grave y roncamente.-Amy.-Y entonces mi sonrisa se ensancha.
Tu rostro marmóreo y delicado no semeja de este mundo en el que vivimos, hasta la tristeza semeja asentarse de una forma deliciosa en tus facciones, de modo que, en lugar de restarle luminosidad a tus ojos, como sucede con los míos, los ensalza de un modo especial. Extiendo los brazos para poder contenerte delicadamente entre ellos, estrechándote contra mi pecho todavía más frágil de lo que acostumbraba.-Yo también me alegro muchísimo. ¿Y tan mal se me ve, cielo?-Seguramente mi experiencia cercana a la muerte me había magullado el alma.-

3º Parte, piano, roll virtanen

-Suspirada al ver que las notas desaparecían. Hizo el amago de levantarse, debía ir a la cocina necesitaba hidratarse. Rodeó aquella banqueta de terciopelo negro cuando alzó su miraba y le vio allí parado, como una estatua. Parecía una obre de Miguel Angel, pálido y con su cabello largo algo alborotado, como un dios Heleno caído del Olimpo solo para visitarla.Le sonrío levemente, verle allí le supuso una gran alegría, hacía tanto tiempo que no le veía.Con un paso decidido, se dirigió hasta él.
Observó su mano, la tenía vendada, estaba segura de que su vida no iba tan bien. Ese lugar en el cual trabajaba no era bueno para él, se merecía algo mejor, dar conciertos en sitios importantes. De haberlo conocido Apolo tocaría exclusivamente para Dioses. Desgraciadamente la mitología y la realidad no podían juntarse. Aunque ella sabe que cuando él toca da igual el lugar en el que esté, se olvida del mundo, es como si solo existiera el piano y él en esos momentos.

 Ville Virtanen...-Susurró al tiempo que llegó hasta a él, alzó sus brazos y rodeó su cuello para abrazarlo.- Que alegría tan grande cielo. Te veo desmejorado...
Hizo hincapié en su aspecto, puesto que desde la última vez que le había visto, este había cambiado. Sus ojos no brillaban y no mostraba aquella sonrisa tranquilizadora, de la cual podrías enamorarte.A decir verdad ella tampoco estaba bien, llevaba días encerrada en casa, yendo desde su habitación hasta la sala del piano y viceversa. Sus ojos antes verdes y brillantes se habían convertido en rojos y sin vida. Como si dentro de ella no hubiese nada, estuviese vacía.Solo se movía y respiraba por que había que hacerlo, delante de todos se mostraba bien, feliz, como si la tragedia que acababa de pasar no hubiese pasado o la hubiese superado. Pero ante Ville no podía, era como si el conociese su alma y no le engañara la falsa que ella tenía montada.-

Virtanen, piano, una inspiración constante

-Había decidido ir a visitarte. La verdad, no me apetecía estar de nuevo en mi ambiente. Los drogadictos se me apiñaban ofreciéndome o pidiendo a gritos algo de pasta, aunque sabían que no tendría reparo alguno en cortarles el cuello.
Aunque intento con todas mir fuerzas ayudar a la gente, soy un puto malnacido.
No era la primera vez que pensaba en utilizar aquella navaja para poder punzarme mi propia yugular. Sí, no podría describirlo, es una sensación casi enfermiza, no de placer, sino de...tranquilidad.
Un amigo me relató, pienso mientras me adentro en tu casa, ya que la puerta estaba abierta, que se debía a la disminución del riego sanguíneo. Desconozco cualquier término médico, pero es más que lógico que si disminuye aunque sea poco el nivel de sangre habrá una disminución del ritmo y la intensidad de los latidos del corazón, quizás insignificante, como el paso de mezzopiano a mezzoforte, y eso hace que tu ira se bloquée. Igualmente, cuando te ves en esa situación en lo que piensas es en si vas a taparte las heridas o si vas a seguir desangrándote como un maldito cerdo. La presencia de Corey hizo que tomase el camino correcto. Por eso ahora llevaba vendada una de mis manos.
Me apoyo en el marco de la puerta, escuchando cómo tocas. Eso es lo que necesitaba ahora, ni que me estuvieras leyendo el jodido pensamiento. Necesitaba una música tan cruelmente bella que me hiciese olvidar el chirrido espantoso del cuchillo asolándome la piel del dorso de la mano. En cuanto terminas, se hacen un feble silencio, aunque dudo que mi respiración profunda no te alerte de que me encuentro allí. Inmóvil como una estatua de sal, observando tan hermosa escena.-
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