sábado, 8 de enero de 2011

Odette

Amanecía y desde la ventana de la habitación de arriba podía olerse, al rico y dulce aroma de las mañanas, el viento fresco hacia que las cortinas de la habitación se abrieran y dejarán pasar el suave olor. Odette se despertó temprano como cada día, se quedó dormida leyendo La reina de los condenados, amaba la literatura de Anne Rice, sus libros eran una obra maestra que la cautivaba cada noche.

Dejó el libro en la mesa y se dispuso a darse un baño. Abrió el grifo de la ducha, esperando que saliera caliente antes de meterse en ella, se desnudó y cuando el agua estuvo a su gusto se metió dentro de la ducha. El agua le caía por su cuerpo como suave seda, adoraba la sensación del agua sobre su cuerpo desnudo, era como una suave caricia que te da un ser amado.
Termino su ducha y salió de ella, cogiendo una de sus toallas negras, amaba ese color, se envolvió con ella su frágil cuerpo y su pelo se lo recogió en un moño descuidado. Salió del baño y se dirigió a su habitación, cuando se percató de que encima de su cama había una rosa roja, con un sobre, se extraño, puesto que nadie entra en su habitación sin su permiso, ni siquiera sus padres. Se dirigió a la cama y cogió la rosa, cuando lo hizo se dio cuenta que era fresca, se dejo embriagar por el aroma que de esta desprendía, sin soltarla cogió el sobre, lo abrió y vio una carta, con una letra estilizada, típica de varios siglos atrás, sin pensarlo más la leyó:

Mi amada Odette, sé que no es noche de luna, pero necesito verte, y estrecharte entre mis brazos, necesito oler el perfume de tu piel y necesito ver tus ojos, negros como una noche sin luna, toparse con los míos y ver el amor que desprenden….
Te estaré esperando donde siempre, en tu pequeño lugar de reunión.
Eternamente tuyo
Leon.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Free Music Note 1 Cursors at www.totallyfreecursors.com